• Capítulo 8
  • Maria Camps
  • 24 mayo, 2019

"Todo lo que yo comía era, sin saberlo, inflamatorio"

Maria comía muy mal. Como estaba delgada y no tenía síntomas graves, no daba importancia al hecho de comer procesados de forma habitual y no tomar nada de verdura. Pero esto cambió y la regla le empezó a doler hasta el punto de llegar a tener dolor permanente todo el mes. Aquel dolor que no la dejaba ni tan siquiera trabajar era una endometriosis profunda. Hacía años de los síntomas y nadie le había dicho que el «quiste de chocolate» —que era el eufemismo que su ginecóloga usaba— en realidad se llamaba «endometriosis».

Maria hizo un click brutal el día que otra ginecóloga le dijo que había alimentos inflamatorios que agudizaban los síntomas, ya que la endometriosis es una enfermedad autoimmune y, por tanto, inflamatoria. Desde hace diez años y con solo la alimentación y quitando tóxicos, Maria no ha vuelto a tener dolor ni se ha medicado por ello nunca más.

Transcripción del podcast

00:01 Naturitas y Soy Como Como presentan el Click Natural: historias de trasformación a través de la alimentación y la salud.

 

00:11 La razón de mi click fue la endometriosis, pues empecé con reglas dolorosas, que eso es bastante normal, entonces de las reglas dolorosas pasé a reglas dolorosas y ovulaciones dolorosas. Entonces se extendió a todo el primer periodo del ciclo, es decir, desde que yo tenía la regla empezaba el dolor y se me terminaba cuando había ovulado, y llegó un punto pues que me daba igual si era día 1, 15, 23 o… era igual, tenía dolor siempre.

 

00:40 Había diferentes tipos de dolores. Había un dolor que parecía que te clavaban alguna cosa, un dolor en la pelvis que era como un calor frío y había un dolor tipo contracción, o sea un dolor que iba subiendo de intensidad y bajaba, pero no descansaba, o sea era todo el rato, todo el rato, subiendo y bajando. Mentalmente era muy desgastante, hasta el punto que a mí me invalidaba, o sea yo soy autónoma, trabajo en casa e iba pues desde mi cuarto, me levantaba, me aseaba, me vestía y me iba a trabajar, y a veces había días que no podía ni hacer eso. A veces había días que tenía que trabajar pues con las rodillas pegadas al pecho porque otra posición me era imposible.

 

01:21 Yo me visitaba con una ginecóloga que me dijo en su momento que tenía un quiste de chocolate, nunca me habló de endometriosis. Me dijo que tenía un quiste de chocolate, que eso no me iba provocar problemas, que, de hecho, cualquier síntoma que yo tuviera en ese momento no lo relaciona tampoco, y cuando llegó el momento en que ya tenía dolor crónico, en que había tenido abortos y era bastante insostenible todo me dijo que: “’¡Oh! esta endometriosis se tendrá que operar.” Había estado años con esta enfermedad, sin saber que tenía esta enfermedad. Nunca me compartió el diagnóstico, el nombre técnico de la enfermedad. En ese momento yo me enfadé muchísimo, empecé a ir a ginecólogos para que confirmaran ese diagnóstico, todos estuvieron de acuerdo, todos consideraban que debido al dolor que tenía y a la magnitud de los quistes que tenía era recomendable operar y ahí empecé un viaje alternativo.

 

02:18 Por una parte me llevaron para operar, pero sentía que tenía que hacer alguna cosa, entonces busqué y encontré una ginecóloga que era también acupuntora y ella en un comentario casual me dijo: “¿Pero tú sabes que hay algunos alimentos que te inflaman?” Y yo pensé: no sé de lo que me estás hablando. No tenía conocimiento. “Sí, hay alimentos que son inflamatorios y debido a que tienes una enfermedad inflamatoria, pues deberías retirarlos”. En ese momento yo empecé a buscar en fuentes serias y me di cuenta de que todo lo que yo comía era inflamatorio: o sea trigo, azúcar, leche y, bueno, soja, que no era consciente que comía, pero que claro estaba en la mayoría de paquetes y latas que encontré.

 

03:05 Llegué a casa y vacié todo, todo, todo lo que tenía en los armarios de mi cocina, porque me di cuenta de que nada de lo que estaba comiendo me iba bien, y ahí empezó todo. Yo comía muy mal. El punto de partida era bastante malo. Nunca había tenido conciencia de eso. En mi familia, mi madre también come muy mal porque bueno su madre, mi abuela, pues también… Cuando me dijeron que tenía que tener en cuenta qué comía me compré un libro por internet, que fue el primer libro que compré, de una mujer que hizo un recopilatorio de recetas. Para mí fue como una base, cogerme a algún sitio y ver que había vida más allá de lo que había en los estantes del súper e intenté seguirlo. Los pilares eran retirar eso: el trigo… y potenciar sobre todo las verduras.

 

04:01 Yo, al principio, mi forma de alimentarme tampoco es que fuera super óptima, pero claro, retiré todo lo que a mi cuerpo le estaba estresando el sistema inmune y claro fue brutal, el cambio fue increíble. Yo era una persona que si me tenía que tomar analgésicos y antinflamatorios dividía los tiempos, es decir, si decía 1 cada 8 horas, pues me tomaba cada 4, y si decía 1, yo me tomaba 2, a veces 3. Cuando vi que podía hacerlo solo con comida, para mí fue increíble, o sea, lo vi tan claro, o sea, yo era una persona que no podía pensar en nada más que el dolor que tenía y, de golpe, no tenía dolor. Solo por comer de esa forma, no me costó nada. A veces me preguntan:  —¿Cuánto tiempo hace que no te comes un donut? —Pues desde hace 10 años. —¿Pero no te apetece? —No, o sea, mi cerebro ha hecho como un click y en lugar de ver una cosa que apetece, o sea, lo único que veo es dolor.

 

05:00 Igual el gran reto era el azúcar y el pan, y puede parecer que el azúcar es super difícil de dejar, que lo es, pero el pan es muy difícil de dejar, y al principio yo basé mi dieta mucho en cereales, porque bueno ya la basaba antes y entonces para mí el cambio era este, sin dar más espacio a otro tipo de alimento que luego he hecho. Y al principio me empeñé mucho en encontrar panes que pudiera comer, hacer panes, o sea, he tirado más panes de trigo sarraceno a la basura que no lo puedo explicar. Hasta que me di cuenta de que bueno, pues si no había un pan de cereal que no tuviera nada de lo que puedo comer y yo no lo sabía hacer, pues que no comería pan. Entonces dije: ¿y por qué no puedo comer para desayunar un huevo con aguacate o ensalada o lentejas o ensaladilla rusa o pescado al horno con verduras? Y eso es lo que como. O sea, a mí si me dicen: “María dentro de tres años vas a desayunar verduras al horno con pescado y vas a ser la mujer más feliz del mundo.” Hubiera dicho que no. Y ahora, o sea, no me apetece otra cosa. O sea, el resumen del cambio de la alimentación es dejar de ir al súper. La gente decía: “¿Pero cómo no vas al súper? ¿Y entonces dónde compras la comida?” Pues vas a la verdulería, a la pescadería, a la carnicería…

 

06:21 Y me acuerdo la primera vez que lo hice, que volví a pasear y, claro, vi ese, ese mundo donde yo antes cogía la comida, pues claro con unos ojos totalmente diferentes. Donde yo antes veía variedad y veía pues cajas distintas y pensaba: ¡Qué variado es el mundo! Ahora solo veía trigo, trigo con azúcar, trigo con azúcar y leche, trigo con azúcar, leche y lecitina de soja transgénica… Y pensaba: ¡Ostras hay aquí un estante que igual son veinte metros y todo es lo mismo! Lo único que tiene formas diferentes, colores diferentes, pero no hay ninguna diferencia. Pero aquí está el tema, que la gente me dice: “¡Ostras, pero no puedes comer esto!”. Y tienen la sensación de que yo no puedo comer la mayoría de cosas, cuando en realidad no es así, pero la industria se ha basado en muy pocos alimentos y si no comes ese tipo de alimentos que son los que nos van fatal para la salud, pues quedas como marginado. Y yo también lo pensaba así, ¡qué limitada! Y esa limitación, que al principio me parecía así, luego ha resultado que ha sido una liberación. Yo ahora como verduras que antes no sabía ni cómo se llamaban, ni la pinta que tenían, verduras amargas, verduras de raíz… He ido ampliando el campo. Y otra cosa en la que me he fijado: al principio dejé mucho de lado la carne, ahora la incorporo, aunque tampoco tomo en exceso. Pero sí le he dado importancia al pescado, al pescado pequeño, el pescado pequeño cocinado de una forma que permita mantener los omegas, que para mí son importantes, por ejemplo, marinados, los típicos boquerones en vinagre o sardinas marinadas, cosas que conserven mucho los omegas para que no sea lo mismo que comerme un pescadito frito, que allí el omega brilla por su ausencia.

 

08:15 He estado tomando suplementos mucho tiempo que al principio tampoco me hacían efecto. Luego vieron que tenía déficit de cobre y zinc y que tenía que, bueno, apoyarlo en este sentido. Y claro yo venía de muchos años de tomarme analgésicos, antinflamatorios sin control, entonces tenía el hígado bastante mal. Me tomé Hepatobiane para desintoxicar el hígado. Y después de la anemia, de centrarme un poco en ella y de remontarla, vino la vitamina D. Ya me habían hecho analíticas, me salían bajas, pero desde la sanidad tampoco le dan mucha importancia. Cuando empecé era invierno, entonces lo hice con suplemento, a pesar de que me dijeron que no, que tomará el sol. Pero en noviembre igual pues no me sirve mucho, pero sí, ahora tomo el sol, o sea voy a tomar el sol. Tomar el sol puede decir sentarse en un banco con las mangas arriba y ya está, o irme a la playa un rato, pero ser consciente de que estoy tomando el sol. La verdad es que no sé si funciona a nivel de vitamina D, todavía tengo que hacer el control, pero en el estado de ánimo se nota muchísimo. El día que he tomado el sol, es una cosa que incluso me he hecho un papel para marcarme, pues cuándo voy a tomarme el sol, cuándo me tomo la vitamina D y cuándo tomo hojas verdes que es algo que intento hacer cada día también.

 

09:40 A mis hijos sí intento trasmitirles conciencia alimentaria. Por ejemplo, ellos sí comen cosas que yo no como, por ejemplo, yo no como pan, pero ellos sí pero nunca de trigo.  A su nivel, les he intentado explicar qué puede hacer la comida. Ellos saben que yo estoy enferma y que cuando comía muy mal me encontraba muy mal. Y ahora sigo teniendo la misma enfermedad y ahora estoy bien. Entonces si comen pan, no comen pan todos los días. Saben que el equilibrio es bueno, que hay cosas que son buenas de comer, ricas, no sabrosas, pero que las tienen que comer poco. Bueno, de momento son pequeños y se conforman y me sorprenden muchas veces haciendo reflexiones en torno a la cocina, que pienso: ¡Ojalá las hubiera tenido yo! Porque a mí el paso me ha costado mucho. Estoy contenta de si puedo contribuir en cierta forma que la nueva generación tenga un poquito más de conciencia de la que teníamos nosotros, los de mi generación, que bueno éramos carne de cañón del supermercado, de los anuncios y de todo eso.

La próxima semana

Sandra Badosa

No te pierdas el Click de la semana que viene con Carmen, donde hablaremos de fibromialgia y macrobiótica.

¡No te piedras los nuevos capítulos!
Suscríbete

Otros capítulos

Capítulo 16 | Eva Carreras

“Después de pasar más de veinte años con dolores menstruales, descubrí que eso no tenía por qué ser lo normal”

Capítulo 15 | Jose Segurado

"Me diagnosticaron esclerosis múltiple y me he recuperado sin medicación y cambiando el estilo de vida"

Capítulo 14 | Neus Aran

"Hice una dieta antiinflamatoria y conseguí quedarme embarazada en un mes, después de intentarlo durante un año"

Descubre otros capítulos